En marzo de 1961, Masaru Okunishi, un granjero de unos 35 años del centro de Japón, fue acusado del homicidio por envenenamiento de cinco mujeres. Su confesión fue arrancada por tormentos y sin la presencia de un abogado. Hoy, octogenario, permanece recluido en la cárcel, en aislamiento total, y se transformó en el condenado a muerte que más tiempo está en esa condición: la sentencia fue dictada en 1969, y confirmada por el Tribunal Supremo en 1972, hace cuatro décadas.
Hace una semana, las autoridades japonesas ejecutaron a Yasuaki Uwabe, Tomoyuki Furusuwa y Yasutoshi Matsuda, condenados por asesinato múltiple, las primeras llevadas al cadalso en el país desde julio de 2010, según confirmó el ministro de Justicia, Toshio Ogawa, a la agencia DPA. El hecho fue condenado por Amnistía Internacional (AI). "Son un enorme paso atrás, que vuelven a poner a Japón en el grupo minoritario de países que todavía realizan ejecuciones", sostuvo la portavoz para el Asia-Pacífico, Catherine Baber (ver "Hubo más...").